sábado, 27 de septiembre de 2014

¿Pueden los adolescentes desarrollar sentimientos en Internet?



Muchos adultos se preguntan si los sentimientos que parecen desarrollar sus hijos adolescentes relacionándose a través de internet son reales. Es decir: ¿si los conflictos que pueden tener son relevantes, si las amistades que desarrollan son sinceras, o si pueden sus hijos enamorarse a través de internet?
Pero esta pregunta, que así formulada es motivo de debate en distintos entornos, está mal planteada y dificulta la comprensión sobre lo que realmente sucede. Es más, si la formuláramos correctamente, la cuestión se resolvería casi por sí sola.
La pregunta que debiera plantearse es tan sencilla y directa como la siguiente: ¿dos personas pueden llegar a desarrollar sentimientos la una hacia la otra? Sentimientos de afecto, amor, rechazo u odio, por ejemplo. Evidentemente SÍ. Pues ya tenemos la respuesta.
Internet, los cables, las ondas, el teclado, no son más que medios implicados en la transmisión de las palabras o imágenes. Como sucede con las cartas que durante siglos se han intercambiado familiares, amigos y enamorados de todos los tiempos. ¿Acaso la celulosa de las cartas es un transmisor de amor? Nadie se ha planteado esto nunca. Sencillamente el papel es sólo un medio que utilizamos para intercambiar palabras, en el caso que nos ocupa.
Los sentimientos se producen dentro de las personas. Lo que nosotros sentimos no existe fuera de nosotros, y no se puede propagar por el aire, las ondas o los cables. Así mismo, tenemos
capacidad para generar sentimientos y emociones en otras personas, que los desarrollarán
también dentro de ellas mismas.
Dando un paso más, hemos de señalar que para desarrollar sentimientos y emociones, ni tan
siquiera es necesario que las palabras que leemos vayan específicamente dirigidas hacia nosotros.
¿Alguna vez ha leído una novela? Como la respuesta será SÍ, las siguientes preguntas son muy
evidentes: ¿ha sentido algo en alguna ocasión leyendo un libro? ¿Puede la lectura de unas páginas
hacernos sentir miedo? ¿Terror? ¿Lástima? ¿Odio? ¿Indignación? ¿Angustia? ¿Alegría? El simple
hecho de leer lo que otros han escrito, aunque no nos implique a nosotros, aunque no les
conozcamos de nada, ya puede llegar a hacernos SENTIR. Y en ocasiones lo hace con una
intensidad que nos sorprende. ¿Nunca ha llorado leyendo un libro?
Pero aun podemos ir más lejos: podemos emocionarnos hasta llorar, aun sabiendo que lo que
estamos presenciando no es cierto ni real. Al ver una película o una obra de teatro, todos somos
perfectamente conscientes de que las personas que estamos viendo son actores y actrices
escenificando situaciones. Pero no importa, podemos llegar a sentir lo que ellos sienten, y
podemos sufrir o regocijarnos con ellos aun sabiendo que están actuando.
Esta maravillosa capacidad, que compartimos con otros animales, alcanza su mayor desarrollo en
el ser humano. Y ahora, a principios del siglo XXI, estamos comenzando a comprender cómo se
desarrolla. La explicación la encontramos en las llamadas NEURONAS ESPEJO. Estas neuronas
reflejan dentro de nosotros mismos las emociones que percibimos en los demás, y nos hacen
revivirlas. Las neuronas espejo analizan constantemente las manifestaciones emocionales de
aquellos que nos rodean, lo que dicen y cómo lo dicen… son ellas las que leen entre líneas e
interpretan. Es más, ahora sabemos que las neuronas espejo son capaces incluso de interpretar las
intenciones de los demás y anticiparse. “Sabía que ibas a decir eso…”, es una frase que le debemos
a las neuronas espejo.
Una vez aclarado que los adolescentes pueden desarrollar sentimientos de todo tipo, al margen de
los canales de comunicación que utilicen, tal vez deberíamos hilar más fino y reformular la
pregunta inicial:
¿Somos capaces de “crear” sentimientos en nosotros mismos?
Es decir ¿lo que sentimos en un momento dado puede ser artificial? ¿En ocasiones sentimos algo
porque hemos querido sentirlo? Por supuesto que somos capaces de crear y desarrollar
sentimientos, provocándolo y sin provocarlo, queriendo y sin querer, buscándolo y sin buscarlo…
Lo hacemos constantemente. Lo que resulta casi imposible es NO sentir.









No hay comentarios:

Publicar un comentario